martes, 27 de mayo de 2014

Tendedero


YO NO LO SÉ DE CIERTO...

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).
Horal, 1950

    Jaime Sabines
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Final
                           a Julio Cortázar

Para comprender tu muerte
He salido a buscar
Mi “flor amarilla”
Te tuve que pensar
Te tuve que traer.
Después supe
Que me descubriste
Jugando a las estatuas
Y es seguro que pasabas
En aquel tren
Porque me adivinaste
La posición
Los años
Mi pollera corta
Las rodillas
Los sagrados pecados que
Nos involucra la adolescencia.

También
Fui “la mujer”
En los renglones
Que me dibujaste Maga.

Ahora nos queda sólo
Una lluvia interminable
De nombres-palabras
Que en esta impotente desesperación
                                                            Te llaman
                                                              Te gritan
                                                                 Te viven
Te imploran en una biblioteca
En los cuadernos de literatura
En los terribles
Y a veces felinos gestos de
Mi generación.

                                                       S.R

miércoles, 21 de mayo de 2014

Textos

Cafetín Literario de Empleados de Comercio.
Miércoles desde las 14hs. Gratis. Corrientes 450 1º piso

frases de Roberto Bolaño

Roberto Bolaño » últimas frases
Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo, como exponer tus ideas, como escuchar las ideas de los otros, como escuchar música (sí, sí), como contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la playa.

La literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái; pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tiene el valor sabiendo previamente que va a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.

Las metáforas son nuestra manera de perdernos en las apariencias o de quedarnos inmóviles en el mar de las apariencias. En este sentido una metáfora es como un salvavidas. Y no hay que olvidar que hay salvavidas que flotan y salvavidas que caen a plomo hacia el fondo. Eso conviene no olvidarlo jamás.

Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.


(...) Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano.



martes, 20 de mayo de 2014

Revolución

MIÉRCOLES DESDE 14HS. EMPLEADOS DE COMERCIO.
Corrientes 450, 1º Piso. (Gratis)


REVOLUCIÓN
palabra latina revolutum que puede traducirse como “dar vueltas”.
La revolución es un cambio o transformación radical respecto al pasado inmediato, que se puede producir simultáneamente en distintos ámbitos (social, económico, cultural, religioso, etc.). Los cambios revolucionarios tienen consecuencias trascendentales y suelen percibirse como súbitos y violentos, ya que se trata de una ruptura del orden establecido. Las revoluciones nacen como consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas.





Pensamientos (1967, Juan Gelman)

…soy de un país donde se llora por el Che o en todo caso
se canta por el Che y
algunos están contentos con su muerte
"vieron" dicen "estaba equivocado la cosa
no es así" dicen y cómo
carajo será la cosa no lo dicen o
prefieren recitar viejos versículos o
indicar señalar aconsejar mientras
los demás callan
miran al aire con los ojos perdidos
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
soy de un país donde costó
creer que se moría y
muchos
un servidor entre otros
se consolaba así:
"pero si él dice no hay que
pelear hasta morir hay que pelear hasta vencer entonces no está muerto"
otros lloraban demasiado como quien
ha perdido a su padre y yo creo
que él no es nuestro padre y
con todo respeto creo que
está mal llorarlo así
soy de un país donde los enemigos no
pudieron depositar un solo insulto una sola
suciedad una sola pequeña porquería
sobre él y hasta algunos
lamentaron su muerte no
por bondad o humanidad o piedad
sino porque esos viejos perros
o muertos con permiso sintieron por fin un enemigo que
valía la pena
que un rayo de peligro
entraba en escena y entonces
iban a poder morir en serio
a manos o a balas de verdad "y no
en brazos de esta especie de disolución
en que nos vamos disolviendo" como
dijo uno de grande apellido
soy de un país donde sucedieron o suceden
todas estas cosas y aún otras
como traiciones y maldades en excesiva cantidad
y el pueblo sufre y está ciego y naides
lo defiende y sólo
el Che
se puso de pie para eso
pero
ahora
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
soy de un país complicadísimo
latinoeruocosmopoliurbano
criollojudipolacogalleguisitanoira
según dicen los textos y los textos que dicen
pues dicen y
como dicen
así será la historia pero yo
les aseguro que no es cierto
de este país de fantasía
se fue Guevara una mañana y
otra mañana volvió y siempre
ha de volver a este país aunque no sea
más que
para mirarnos un poco un gran poquito y
¿quién se habrá de aguantar?
¿quién habrá de aguantarle la mirada?....


                               Fragmento de Pensamientos



Tendedero 2

Miércoles desde las 14hs. A cargo de Federico Vega- Susana Rozas- Marta Dómina







Un Poema

Ustedes dirán que es pura necedad la mía
Que es un desatino lamentarse de la suerte,
Y cuantimás de esta tierra pasmada
Donde nos olvidó el destino.
La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre,
Y aunque digan que el hambre
Repartida entre muchos
Toca a menos
Lo cierto es que todos aquí
Estamos a medio morir.
Según parece
Ya nos viene de a derecho la de malas
Nada de que hay que echarle nudo ciego a ese asunto
Nada de eso
Desde que el mundo es mundo
Hemos echado a andar con el ombligo pegado al espinazo
Y agarrados del viento con las uñas.
Se nos regatea hasta la sombra,
Y a pesar de todo así seguimos:
Medio aturdidos por el maldecido sol
Que nos cunde a diario a despedazos,
Siempre con la misma jeringa,
Como si quisiera revivir más el rescoldo.
Aunque bien sabemos
Que ni ardiendo en brasas
Se nos prenderá la suerte.
                                                         Juan Rulfo.



Zadie Smith

…”Hoy día sé que la única razón por la que leo es para sentirme menos sola, para establecer una conexión con una conciencia que no es la mía. Con ese fin, no puedo menos que depositar una fe cauta en la difícil asociación entre el lector y el escritor, esa discreta lucha para revelar la experiencia del mundo de un individuo a través del inestable medio que es el lenguaje.”
 


Inscripción hallada en una tumba egipcia
Circa 1250 a.C.

Ésta es la mejor de las vocaciones,
No hay otra como ésta.
¡Pon tu corazón en los textos!
No hay cosa mejor que los textos:
Son como barcas en el agua.
Mira, no hay profesión sin amo,
Pero no para el escriba,
Porque él es el amo.


                                                                                                                              Bárbara      



sábado, 17 de mayo de 2014

Montes Cárpatos de Héctor Rodríguez

Cafetín Literario....en Empleados de Comercio
                                    Corrientes 450, 1º piso
                                     miércoles desde las 14hs. Gratis



                                             MONTES CÁRPATOS

La lluvia es tan espesa, densa, que parece un muro sólido. El pequeño automóvil avanza a duras penas por la ruta zarandeado por las fuertes ráfagas de viento como si quisieran sacarlo del camino. El hombre joven que maneja y la muchacha a su lado, intentan visualizar la línea de la ruta que a ratos se ve iluminada por fuertes relámpagos acompañados por la estampida de truenos que los estremecen. Se preguntan si  hicieron bien en aventurarse a dejar el último pueblo distante unos doscientos kilómetros ya que la tormenta empezaba a amenazar.
Pero la prisa en llegar a la localidad de la costa atlántica donde pasarán sus vacaciones les dio  coraje. No transita nadie a esa hora  de la noche y se sienten desprotegidos.
Empieza a caer un fino granizo y el conductor decide salir de la carretera tomando un desvío de tierra, para guarecerse en los montes de pinos que abundan en los alrededores.
Buscan un lugar donde los árboles sean más tupidos y se acomodan en los asientos para tratar de pasar la noche.
Se despiertan sobresaltados cuando alguien golpea la ventanilla al tiempo que los alumbra con una linterna. El joven baja el vidrio y mira al desconocido que es alto, con barba rubia y está enfundado en un piloto negro. Éste les dice que tiene una pequeña posada, cerca de allí, donde pueden pasar la noche. Si están de acuerdo irá adelante con su furgón. Así lo hace la pareja siguiendo las luces rojas a través de de los montes y las escarpadas dunas. Piensan que han tenido suerte pues son las dos de la madrugada y no se ve ninguna otra luz. 
Al cabo de un buen rato, llegan a un claro del bosque donde se encuentra la posada de nombre Montes Cárpatos, según está escrito en un trozo de madera colgante al lado de banderas de distintos países. La casa de estilo alpino, con techo a dos aguas, es de aspecto muy cuidado, toda de troncos, con muchas flores y un primer piso con balcón saliente.
El anfitrión los hace pasar a un recibidor con sillones frente a la estufa de leños que se halla encendida, y mientras ellos se recomponen, va al piso superior. Vuelve al rato con una mujer sonriente enfundada en un largo camisón blanco a quién presenta como su esposa. Ambos son muy amables y luego de brindarles una bebida caliente y charlar un rato los conducen al dormitorio asignado en la planta baja. Los visitantes se encuentran cómodos, sin demasiados lujos, pero con confort y calidez. Duermen hasta entrada la mañana en que con discretos golpes en la puerta la mujer les indica que pueden desayunar. Hay varias mesitas coquetamente dispuestas, pero vacías, pues según relata la dueña todavía no es la época de llegada de los turistas. También acota que ellos son oriundos de una zona montañosa de Europa central y que hace 25 años que tienen la hostería. Ella los atenderá mientras su esposo va con el furgón a buscar provisiones.
Ya no llueve. La pareja sale a recorrer y pueden apreciar que la casa está rodeada de plantas de hortensias y dalias de variados colores, retamas amarillas, lo mismo que los maceteros que cuelgan del primer piso cubiertos de pensamientos blancos y azules. Es una postal bucólica. Siguen caminando hasta llegar al mar que se encuentra a poca distancia, les encanta el paisaje de altos médanos, los pinos que quedaron atrás y caminar sobre la espuma. En todo el paseo no vieron ninguna casa o persona, dentro o fuera del bosque, solamente un barco que se desplazaba lentamente en el horizonte.
Al regresar, los espera la posadera con la comida y ellos dicen que se van a quedar también  esa noche ya que están muy a gusto y retomarán su camino al día siguiente.
Vuelven a pasear y regresan al oscurecer. Encuentran la mesa servida  para un banquete, los dueños cenarán con ellos como despedida. La mujer muestra sus habilidades en la cocina y el marido trae distintos vinos del depósito. El clima no puede ser mejor, calor de hogar, buena comida, generosa bebida y amable compañía.   
Luego, se retiran a descansar exhaustos de ese día perfecto.
Duermen pesadamente hasta que la luz del sol llega a los ojos del muchacho que se halla boca arriba, parpadea, y piensa que es hora de levantarse. Quiere mover la cabeza pero no puede, le echa la culpa al vino que tomó demás. Intenta mover los brazos, y no le responden. Trata con las piernas pero no las siente. No entiende que le sucede.  Con el rabo del ojo hace esfuerzos para ver a su compañera que está al lado. También ella se halla completamente inmóvil y lo mira con ojos desorbitados. No pueden articular palabras y por más que lo intentan sólo emiten unos pocos sonidos guturales parecidos a gruñidos. Confusos, desesperados, no pueden imaginar qué está sucediendo.
Oyen golpear la puerta varias veces, intentan responder, pero es en vano. Entonces se abre y los dueños de casa se quedan observándolos. El hombre les dice que no se preocupen, seguramente han comido algún hongo venenoso del bosque, que no es la primera vez que pasa y que él los va a ayudar. Salen y vuelven con dos soportes metálicos de los que usan en los hospitales para colgar las bolsas con medicamentos o sangre. Colocan uno para cada uno a ambos lados de la cama, ubican los recipientes con líquidos y se abocan a la tarea de insertarles las agujas en las venas. Finalizada la operación se retiran dejando a la pareja consternados y temerosos.
El joven mira con desesperación las bolsas que penden de los soportes y esforzando al máximo sus ojos alcanza a leer una leyenda o marca: “Donante de Órganos” y más abajo
“Centro Privado de Ablación y Trasplantes”. Con desesperación comienza a entender la trampa en que han caído, pero no puede hacer nada y una suave somnolencia lo va invadiendo. Trata de estar conciente pero es imposible. En  sus últimos momentos de lucidez y con los ojos semi cerrados se abre la puerta y alcanza a escuchar:
_ Ya preparaste el furgón ? espero que por estos dos nos paguen mejor que la última vez.
_ Seguro, mujer!...son más jóvenes.     

Héctor Rodríguez con Víctor H. Olmos

miércoles, 14 de mayo de 2014

Sobre la Revolución


Sobre la Revolución, el Che.
“Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.
                Carta a mis hijos, Che.
Tendedero de poemas




II
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

martes, 13 de mayo de 2014

POEMAS Y MÚSICA





 CAFETIN LITERARIO
 Empleados de Comercio. Corrientes 450, 1º Piso
 Todos los miércoles desde las 14hs. Gratis

PAPEL DE LIJA

Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
No lo hago para nadie.
Sólo porque me gusta.

Hay quien escribe cartas;
quien sale a ver la luna
para olvidar. Yo lijo
mi cajita de música.

Amarga es la madera
de palo santo, dura.
Pero es como el amor
que no muere y perfuma.

Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
Porque te vas y vuelves,
no he de acabarla nunca.

Te espero. Mi tristeza
huele a ti y es menuda.
Tengo las manos verdes
esta noche de lluvia.

José Pedroni (de El nivel y su lágrima, 1963)

Mi Buenos Aires querido

Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.


Juan Gelman