lunes, 13 de octubre de 2014

Varios

https://www.youtube.com/watch?v=08kiNm9_M2U
 Susana Rozas





                          BÉSAME…BÉSAME MUCHO….

                        COMO SI FUERA ESTA NOCHE LA ÚLTIMA VEZ…

Es lo que él me cantaba mientras sus labios me recorrían el cuello,  bajaban por mis pechos y sus manos ansiosas buscaban los lugares más íntimos de mi cuerpo.
No sabíamos que profética sería esta canción mientras nos entregábamos totalmente el uno al otro con arrebatadora pasión, hasta con furia, envueltos en el embriagador perfume de las glicinas. Fuimos muy felices y teníamos ilusiones.
Esa noche me quedé en la puerta de casa viendo como montaba su motocicleta y sonriente se alejaba. Antes de perderlo de vista alcancé a divisar tres sombras que no sé de donde salieron, se le fueron encima y lo derribaron. Sonaron dos estampidos y desesperada, pidiendo auxilio, fui corriendo hasta llegar a él que yacía en la calle. Con pedazos de mi vestido traté de frenar la sangre que manaba de su cabeza, todavía había calor en su cuerpo, y allí tendida sobre él permanecí hasta que  llegó la ambulancia y la policía.

Lo demás usted ya lo sabe, por eso comparto su enorme dolor, como el de todas las madres que han pasado por lo mismo. Me sobrepongo y le digo, señora, que aunque usted no me conoce, estoy muy cerca suyo y sepa que esa última y fatídica noche su hijo fue muy feliz y que nos despedimos con cálidos besos y sonrisas esperando vernos al día siguiente que nunca llegaría. 
                                                             Héctor Rodríguez.



Bicicletas viajan

Por todo el mundo

Por Argentina
      Sacan fotos

…a  cada lugar que van
                                                         Bárbara

El insomnio, Alicia Pesce de Capella.

Cafetín Literario
Corrientes 450, 1º piso
miércoles desde las 14hs.

El  insomnio

No puedo sacarme de la cabeza la imagen de la que fue mi casa, cierro los ojos y allí está, destruida, los vidrios de la mampara del vestíbulo, rotos, crece el pasto en el patio de la entrada y los mosaicos desaparecieron. Ya se lo dije a Pablo, yo comprendo que no es más mi casa ; pero no entiendo que la hayan comprado para dejarla caer de este modo.
Si la viera mi madre…no, claro que no puede, pero no me siento segura de que su espíritu ande vagando por allí. No me extrañaría que me dijeran que la vieron sentada en el comedor o paseando por el jardín.
Son las dos de la mañana y no quiero seguir dando vueltas en la cama. Me levanto.
Ahora, ya me estoy comportando como ella, andando por todos lados en plena noche, falta que prepare buñuelitos o me ponga a leer. A ver, creo que en la repisa de este costado puse algunos de los libros que traje cuando se desocupó la casa, quizás me ayude…no, qué me va a ayudar. Mejor por acá, hum…, el Libro de arena de Don Borges, aunque a esta hora siento los ojos enarenados, mejor me acuno con Conrado Nalé Roxlo y su Invitación a contemplar la luna, que será perfecta a esta hora. A ver, aquí está Krishnamurti. ¡Cuánto le gustaba a papá leer sus discursos!
Me siento en un sillón con los tres libros a mi lado, apago la lámpara del techo y prendo la que está cerca. Una moto que pasa me sobresalta, los perros salen de su modorra, a esa velocidad, el infeliz que la monta ya debe estar en la otra punta de Rosario. Abro la ventanilla de la puerta, los arbolitos de la vereda son dos señoras flacas peinadas con el batido de los años ’70 y mucho spray. No hay nidos en ellos, sólo una vez en el otoño pasado, dos gorriones venían a dormir; con Pablo íbamos a verlos, se deben haber cansado de nosotros y huyeron. En cambio, en los plátanos de la calle Zuviría, todos los atardeceres eran un festival de trinos y plumas, mami decía que discutían por el lugar: platea preferencial, pullman o dormitorio.
Bueno, en honor a don Jerónimo voy a leer algo de Krishnamurti, el libro tiene un señalador. ¿Lo habré puesto yo en otra noche de insomnio? Bien a ver qué dice: “Hay una historia acaezca de un maestro religioso que acostumbraba hablar con sus discípulos. Una mañana subió al estrado y estaba a punto de comenzar, cuando un pajarito vino a posarse sobre el alfeizar de la ventana y empezó a cantar, cantó sin cesar y a pleno corazón. Cuando terminó y se fue volando, el maestro dijo: El sermón de esta mañana ha terminado”.
Si esto sucediera ahora, en el discurso de un político, seguro que los comegatos de siempre lo hubieran preparado con polenta.
Mejor comienzo con el primer capítulo, aunque creo que con el título está todo dicho De la liberación del pasado. ¿Qué será esto de liberarse del pasado? No, yo no puedo amputar una época de mi vida.
Ese ruido. Me parece que la canilla de la cocina está goteando. Así es. Nunca entiendo por qué suele ponerse a gotear. Pablo dice que por la noche hay más presión de agua, puede ser…
Ahora sólo el reloj perturba el silencio. Canela ladra, qué escuchará ella que yo no… ¡Ah! Es la moto otra vez, pasa el Rebelde matasueños. Podría prender el televisor, pero no tengo ganas de que alguien me hable, además está bien así calladito y dormido. Posiblemente él se cree el artefacto más importante de la cocina, porque no sabe que lo más importante es la cocina.
Sería mejor que se enterase que hasta la pileta de lavar platos y su canilla son más importantes; aunque Pablo y yo le prestemos demasiada atención.
Van a ser las cuatro. Veré si puedo dormir un rato.
La luz de un vehículo estacionado y con los faros encendidos se cuela por la persiana del dormitorio, dibujando en la pared un rayado escolar. Mental y taquigráficamente escribo el nombre de mis hijas en esas rayas, aún no puedo acostumbrarme a no tenerlas en casa. Ah…el síndrome del nido vacío.
Tengo que ir a barrio Belgrano a hablar con esa gente y preguntarles por qué dejaron caer la casa de ese modo. Seguro que me van a decir que no me incumbe. Aunque ya estaba bastante desvencijada cuando murió mamá. Mejor me levanto, me duelen las piernas. Si sigo dando vueltas voy a terminar despertando a Pablo. Entro en el dormitorio que fue de mis hijas, de nuestras nenas…sobre una mesita hay papel y sobres, podría escribirle una carta a Alba, ella no sabe del estado de la casa y no va a venir a Rosario, quien sabe hasta cuando.
“Querida Alba: Te extrañará que te escriba, pero es una manera de no aumentar la cuenta del teléfono. Son las cuatro y media de la mañana y no puedo dormir. Fuimos con Pablo 
y las chicas a ver la casa de la calle Zuviría, era una simple curiosidad o quizá el deseo de verla renovada, alegre con habitantes contentos, chicos jugando en el jardín. Pero no, todo lo contrario; está totalmente abandonada, las persianas oxidadas, las paredes descascaradas, los vidrios rotos.
Cuando vendimos la casa, creí que me sacaba un peso de encima; pero, ahora me doy cuenta de que no es así, que el estado en que está me afecta física y psíquicamente; sola y abandonada como muchos viejos, herida, sucia y sin quien la quiera.”
No puedo terminar de escribir y lloro, se me ocurre que los chicos del barrio pasarán con miedo por la puerta, que se tejan terribles historias. Pocos se acordaran del jardín, el pino, la palmera; Alba tocando el piano, los juegos de luces del comedor, los cinco hermanos a la hora de “tomar la leche”, los amigos, papi cruzado de piernas con el diario de los domingos, mamá preparando sopa dulce de navidad. Sí, mami haciendo la cena navideña de Suecia en el agobiante calor rosarino. El frío del invierno colándose por todas partes. Las discusiones, el dinero que nunca alcanzaba, las fotos de los muertos observándome desde los rincones.
Miro a mi alrededor y me tranquilizo. Esta es mi casa, con rejas por todos lados, pero tenemos una vida tranquila sin mayores apremios que los de cualquier argentino. Con una sensación de paz voy al baño, me miro en el espejo y allí está el rostro que mi madre tenía hace treinta años.


                                                     Alicia Pesce de Capella.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Salvador Allende

La derecha y algunos sectores de la Democracia Cristiana consideraron la situación insoluble, por lo que decidieron, de forma más o menos abierta, recurrir al recurso del golpe de estado militar contra el presidente Allende. En junio de 1973 hubo un primer intento de golpe, conocido como "El Tancazo": un regimiento de blindados de la capital se alzó contra el gobierno, pero las fuerzas leales, encabezadas por Prats, lograron dominar la situación.
Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el palacio de la Moneda, sede del gobierno. El presidente Allende rechazó las exigencias de rendición y murió en el palacio presidencial. En 1990 su cuerpo fue exhumado de la tumba anónima en la que se hallaba, y recibió en Santiago un enterramiento formal y público.
  1. Salvador Guillermo Allende Gossens fue un médico cirujano y político socialista chileno, presidente de Chile entre el 4 de noviembre de 1970 y el día de su muerte, 11 de septiembre de 1973. Wikipedia

  2. Fecha de la muerte: 11 de septiembre de 1973, Santiago de Chile, Chile
  3. Mandato presidencial: 4 de noviembre de 1970 – 11 de septiembre de 1973
     
     
     
Cafetín Literario

lunes, 8 de septiembre de 2014

Voces de Antonio Porchia.

Cafetín Literario
Empleados de Comercio.
Corrientes 450 1º piso. Miércoles desde las 14hs.

                                        VOCES   de Antonio Porchia

- Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.

- La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas.

- Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado.

- Quien me tiene de un hilo no es fuerte; lo fuerte es el hilo.

- Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

- Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto mas alto.

- Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo, no cien años.

- El hombre habla de todo, y habla de todo como si el conocimiento de todo estuviese todo en él.

- Las alturas guían, pero en las alturas.

- Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.

- Cuando me conformo con nada es cuando me conformo de todo.

- Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote a ellos.

- Y si no puedo decirte nada sin lo que yo me digo; lo que yo te digo, ¿es lo que yo te digo o es lo que yo me digo?

- Porque eres lo mejor, en este mundo, crees que eres lo mejor para este mundo. Nuestras creencias, ¡cómo nos engañan!

- Sí, esto está mal. Pero estuvo bien. Y ahora no comprendo cómo pudo estar bien. Y ahora no comprendo cómo puede estar mal.

- Y si llegaras a hombre, ¿a qué más podrías llegar?

- Si yo hubiera creído que lo otro era lo mismo, mi vida no habría tenido ninguna extensión.

- El lodo, apartándolo del lodo, no es más lodo.

- Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.

- Cuando me encuentro con alguna idea que no es de este mundo, siento como si se ensanchara este mundo.

- Entra una nueva pena y las viejas penas de la casa la reciben calladas, no muertas.

- El hombre lo juzga todo desde el minuto presente, sin comprender que sólo juzga un minuto: el minuto presente.

- Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.

- Porque te quiero bien, quisiera poder hacerte creer cuanto yo he dejado de creer.

- Has venido a este mundo que no entiende nada sin palabras, casi sin palabras.

- En plena luz no somos ni una sombra.

- Mi cuerpo me separa de todo ser y de toda cosa. Nada más que mi cuerpo.

- Si no has de cambiar de ruta, ¿por qué has de cambiar de guía ?

- Como me hice, no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago.

- A quien nadie perdona, ¿por qué no lo debe perdonar uno?

- Quien busca herirte busca tu herida, para herirte en tu herida.

- Aunque obtuviese el bien que no merezco, no podría vivirlo; el bien que merezco sí podría vivirlo, aunque no lo obtuviese.

- Donde hay una pequeña lámpara encendida, no enciendo la mía.

- De lo que yo esperaba, llegó mi costumbre de esperar.

- Qué te he dado, lo sé. Qué has recibido, no lo sé.

- Sí, eso es el bien: perdonar el mal. No hay otro bien.

- Estás triste, porque te abandonan y no estás caído.

- Puedo andar por todas las cosas, pero así, como ando ahora: no prendido de ninguna cosa.

- Cuando más comprendo lo diferente, lo diferente es menos diferente. ¿Es que lo diferente es incomprensión?

- No usar defectos, no significa no tenerlos.

- El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo.

- La verdad, cuando es la verdad de lo pequeño, casi es toda verdad, y cuando es la verdad de lo grande, casi es toda duda.

- Y si el hombre es un hacer con él y no un hacerse él, quién sabe quien hace con él, y quien hace con él, quién sabe qué hace con él.

- Se descubre para ti lo que tú descubres para ti, no lo que otros descubren para ti.

- Ver me cuesta abrir los ojos a cuanto no quisiera ver.

- Si no nos dieran nada quienes no nos deben nada, ¡pobres de nosotros!

- Quien ama sabiendo por qué ama, no ama.

- Las dificultades también pasan como todo pasa, sin dificultad.

- Quien te quiere, si te quisiera solamente a ti, no podría quererte, porque no sabría como a quién ni como a qué quererte.

- Para acompañarme de algo, alguna vez, ¡cuanto he debido acompañar!

- Hallé lo más bello de las flores en las flores caídas.

- Se va igualando todo. Y es así como se acaba todo: igualándose todo.

- El hombre es débil y cuando ejerce profesión de fuerte es más débil.

- Si quieres que las flores de tu jardín no mueran, abre tu jardín.

- Ellos también son como yo, me digo. Y así me defiendo de ellos. Y así me defiendo de mí.

- A veces pienso en ganar altura pero no escalando hombres.

- He sido para mí, discípulo y maestro. Y he sido un buen discípulo, pero un mal maestro.

- Un amigo, una flor, una estrella no son nada, si no pones en ellos un amigo, una flor, una estrella.

- Quiero tu bondad, pero no sin una sonrisa en tus labios.

- Voy perdiendo el deseo de lo que busco, buscando lo que deseo.

- En una alma llena cabe todo y en una alma vacía no cabe nada. ¡Quién comprende!

- Quienes nos vemos siempre, no nos vemos como somos hoy.

- Nadie es luz de sí mismo: ni el sol.

- Como sólo me preparo para lo que debiera sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede. Nunca.

- Si es, como parece ser, una sola verdad todo, no hallarás tu verdad, tu propia verdad, en nada.

- Cuanto no he ofendido, creo que es cuanto no me he defendido.

- El bien que hacemos a quien no le debemos bien, lo debemos a quien nos lo hace.

- Un hombre solo es mucho para un hombre solo.

- Mi voz me dice: "Así es todo". Y el eco de mi voz me dice: "Así eres tú".

- Si pudieras salir de tus penas y salieras de tus penas, ¿sabrías adonde ir fuera de tus penas?

- Si yo fuera quien se conduce a sí mismo, no iría por la senda que conduce a morir.

- Nadie te ha dado nada por nada si nadie te ha dado el corazón, porque sólo el corazón se da por nada.

- La condenación de un error es otro error.

- Mientras creemos tener algún valor, nos hacemos daño.

- Cuando digo lo que digo es porque me ha vencido lo que digo.

- Quien conserva su cabeza de niño, conserva su cabeza.

- Si lo más grande mostrase su levadura, lo más pequeño sería lo más grande.

- Algunos, adelantándose a todos, van ganando el desierto.

- Ya no sabes qué hacer, ni cuando te vuelves un niño. Y es triste el ver a un niño que ya no sabe qué hacer.

- Y si estuviera separado de ese árbol que veo, de ese sol que veo, ¿vería ese árbol, vería ese sol?

- Si crees que no me debes nada, nada me debes, porque respeto todas las creencias y porque todas las creencias son iguales. Todas son creencias.

- Si amas al sol que te alumbra, tal vez amas, y si amas al insecto que te muerde, amas.

- Temer no humilla tanto como ser temido.


- No ves el río de llanto porque le falta una lágrima tuya.

- Sí, sufro siempre, pero sólo en algunos momentos, porque sólo en algunos momentos pienso que sufro siempre.

- Vemos por algo que nos ilumina; por algo que no vemos.

- Saber morir cuesta la vida.


Colonia de vacaciones por Alicia T. González

Cafetín literario



Colonia de escritores

Aferrada a sueños, vuelen
  brillen en mi esencia
ancestrales deseos de cambio,
  como las golondrinas
viajeras-gitanas
ojos insaciables de paisajes
 que acopian
   trocitos de soles
           Y
 mosaicos de alegrías…

Las dificultades serán
    Acicate
La voluntad férrea
   Continuará.

Comienzo esta aventura
   que fascina.
voy a expandirme…

Acaso como ellas, trashumantes
  eternas,
cruzando el mar -de la vida-
quede para siempre,
envuelta en sal.

Más cumplí el anhelo y
antes de evaporarme    al infinito
tendré esos “instantes”
        para crear
              “mi obra”.

                                Alicia T. González
                                            27-8-14

jueves, 4 de septiembre de 2014

Gustavo Cerati


LETRA 'CORAZÓN DELATOR'







(Gustavo Cerati)

Un señuelo
hay algo oculto en cada sensación
ella parece sospechar parece descubrir en mi
debilidad
los vestigios de una hoguera
oh mi corazón se vuelve delator
traicionándome

Por descuido
fui víctima de todo alguna vez
ella lo puede percibir ya nada puede impedir en mi
fragilidad
es el curso de las cosas
oh mi corazón se vuelve delator
se abren mis esposas...

un suave látigo una premonición
dibujan llagas en las manos
un dulce palpito
la clave intima
se van cayendo de mis labios
(mantra)

Un señuelo
hay algo oculto en cada sensación
ella parece sospechar parece descubrir en mi
que aquel amor
es como un océano de fuego
oh mi corazón se vuelve delator
la fiebre volverá de nuevo

un suave látigo
una premonición
dibujan llagas en las manos
un dulce palpito
la clave intima
se van cayendo de mis labios...
como un mantra
de mis labios
de mis labios

LETRA 'TU CRICATRIZ EN MÍ'







No jurábamos por nada mas
que arrancarnos la maleza de una vez

me quede boqueando como un pez
nadie mas borro tu cicatriz en mi

osadía loca
husmear en tus cosas
duele de placer tu cicatriz en mi

hey, te suplico estrellame en vos
cocinarme lento como un icaro en el sol

desde que te ame
nunca se borro tu cicatriz en mi

osadia loca
husmear en tus cosas
duele de placer tu cicatriz en mi

...tu cicatriz en mi.
...tu cicatriz en mi.
....tu cicatriz en mi .
...tu cicatriz en mi.
.tu cicatriz en mi.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El aviso de Elsa L.Palma

El aviso
                                    Lo que sueño, ¿es lo que realmente quiero?
El aviso ofrecía más de lo que cualquier escritor podía pedir, un lugar especialmente creado para crear. Traté de  escribir un mail que impresionara al seleccionador ; pero luego de varios intentos desistí, el entusiasmo  me obnubilaba.
Esa noche, hice lo que suelo hacer cuando las ideas escasean, puse el aviso sobre la mesita  con la ilusión de encontrar las palabras esquivas al día siguiente. Apagué la luz, no tardé en dormirme y… ¡vaya si soñé!
Estaba en un lugar paradisíaco, con montañas majestuosas y un mar a veces calmo y otras,  embravecido, la gente que me rodeaba era maravillosa, genial, todo me inspiraba, yo escribía y escribía casi en estado de gracia y por momentos, se me cruzaban escenas de “Medianoche en París”. Así logré mi obra, un libro que perduraría en el tiempo, un clásico  y a la vez un best-seller, los editores se lo disputaban y hasta se hablaba de traducirlo en varios idiomas. Borges y Cortázar que habían resucitado para la ocasión lo presentaban mientras yo entraba por el camino central agradeciendo los aplausos. Pero algo pasó,(siempre pasa algo en los sueños), la película cambió de repente y yo era entonces la novia fugitiva que antes de llegar al altar se da vuelta y huye buscando caminos alejados de alfombras rojas.
Me desperté agitada de tanto correr, afuera, el viento se hacia sentir como nunca, curiosamente, no aparecieron las palabras esperadas sino imágenes cotidianas. La ciudad estaba quieta, en pocas horas yo caminaría por las veredas recién baldeadas, siempre abstraída, con alguna idea persiguiéndome. Quizás, entraría a cualquier bar y con el pretexto de un mate cocido, haría garabatos en borrador de algún texto futuro. Me incorporé en la cama, pensé en todos los talleres, el que tenía música y relajación; el que trabajaba con autores poco conocidos y el último, lleno de colores, preguntas y respuestas. Junté a todos los compañeros y vi que nos unía un hilo invisible: el goce de escribir. Tomé el aviso, me levanté, abrí la ventana y como si fuera un pájaro lo dejé volar, el cielo amanecía en mi balcón, acaso, ¿puedo pedir algo más?

                                       Elsa Palma 
 
Cafetín Literario
Corrientes 450, 1º piso. Empleados de Comercio.
Prof.: Susana Rozas- Fecerico Vega.
Miércoles desde las 14hs.